La caída del cabello es una de las principales preocupaciones de los varones, muy por encima de otros acontecimientos históricos del mismo calado como la caída del Imperio Romano de Occidente en el siglo II de nuestra era o la caída de Constantinopla a manos de los turcos otomanos en 1453. Estos barruntos masculinos están más a la par en grado de sufrimiento con circunstancias bíblicas, como la caída de los ángeles y la consecuente entrada en el infierno de estos inmaculados y asexuados seres (pese a la extensa iconografía pictórica, yo siempre he asociado los ángeles con las muñecas Barbie y con los clic de Famobil, que comparten con ellos la mutilación genital). La ciencia médica ha desarrollado un método para que los torturados prealopecicos puedan determinar con exactitud si están perdiendo más pelo de lo recomendable y salgan así de su insufrible angustia. La técnica consiste en lavarse tres días seguidos el cabello con el mismo champú y al cuarto día peinarse durante un minuto inclinando la cabeza sobre una sábana blanca. Después, sólo tienen que contar los pelos que han caído sobre el tejido. Si hay más de 11 cabellos, pueden empezar a hacerse a la idea que sus fotos del futuro carecerán de la melena racial que tanto encanto le dan a Rafaella Carrá o a Antonio Carmona, excomponente del grupo musical Ketama.