Publicidad:
La Coctelera

Categoría: hormonas

Compuestos químicos peligrosos en la vida cotidiana

Algunos países de la UE quieren ampliar la lista de sustancias químicas potencialmente peligrosas con 478 nuevos componentes utilizados en la fabricación de objetos cotidianos como pinturas, tubos fluorescentes o juguetes electrónicos. En la lista actual no está el bisfenol, un plástico incluído en los biberones que está considerado peligroso en los EE.UU. Algunas investigaciones revelan que su acumlación en el cuerpo incrementa las posibilidades de enfermedades cardíacas. De todo ello hablamos en 'La Mañana en Vivo' con Nicolás Olea, catedrático de la facultad de medicina de la Universidad de Granada, miembro del equipo de expertos que analiza para la UE los efectos combinados de estas sustancias.

Entrevista en rtve.es

La química del amor

La ciencia médica ha establecido que la hormona oxitocina junto a los opiodes que segregamos de forma natural, las endorfinas, son responsables de la sensación de éso que llamamos amor. Es más, distintos estudios vienen a probar que, en mayor o menor grado, es ésa combinación la que se dispara en nuestra sangre en nuestros momentos más tiernos: cuando sostenemos a nuestro bebé en brazos, cuando Hacienda nos devuelve dinero, cuando experimentamos un orgasmo o cuando nos enamoramos –el orden de estas dos últimas circunstancias debería ser inverso, salvo en casos patológicos y, ciertamente, pringosos-. Cuando estas sustancias pegan un bajonazo en el cerebro, se quiebra el circuito neuronal que nos proporciona recompensa y apego y experimentamos un dolor muy reconocible por casi todos los seres humanos y que ha venido en definirse como “desamor”; si bien también hay quien lo ha detallado de forma mucho más prolija: baste con echar un vistazo a la literatura universal o a las letras de las canciones populares de los más variados artistas. Desde Pimpinela a Jaques Brel, el síndrome de abstinencia de oxitocina/endorfinas es tan popular que llama la atención que la Seguridad Social no tome medidas y administre dosis de hormonas y neurotransmisores para curar el mal. Claro que nos quedaríamos sin el 90% de las obras maestras de la cultura. No compensa.