El cambio de hábitos durante las vacaciones de verano provoca que los más pequeños engorden. Hablamos de ello con el doctor Eugenio Fernández, pediatra y coordinador del programa 'Niños en Movimiento' del Instituto Hispalense de Pediatria
Categoría: nutrición
El 94 por ciento de las madres que dan el pecho a sus hijos lactantes no sigue una dieta adecuada, ya que consumen menos grasas, vitaminas A y E e hierro y de las cantidades diarias recomendadas (CDR), y más proteínas de las que deberían. Así se desprende de una investigación realizada en la Universidad de Granada, cuyos resultados servirán para realizar intervenciones para mejorar la composición de la dieta de las madres lactantes e implementar así el aporte de nutrientes al recién nacido y lactante.
La leche materna tiene una gran cantidad de beneficios para el bebé y para la propia madre. Nutricionalmente es de mejor calidad que la fabricada artificialmente. Protege eficazmente contra la muerte súbita provocada por algunas infecciones y potencia el sistema inmunológico, siendo un buen método para prevenir alergias. En la madre, rebaja el riesgo de cáncer de mama y ovario, además de estrechar el contacto físico y psicológico con el bebé.
La ciencia médica ha emprendido una cruzada para que nuestra nariz deje de moquear y nuestros pulmones abandonen su fea costumbre de regar las calles y plazas con expectoraciones malolientes y supurativas. Se acaba de probar que las claves para combatir la rinitis alérgica y el asma son practicar regularmente algún ejercicio físico y mantener una dieta mediterránea, rica en frutas, verduras, pan, pasta, arroz, cereales, legumbres y patatas. Aderezaremos la comida con aceite de oliva y con alguna hierba aromática para evitar la sal y regaremos el ágape con una copita de vino tinto. Dos o tres veces por semana nos meteremos entre pecho y espalda un pescadito azul y raramente nos nutriremos con carne roja. Con una receta tan sencilla alejaremos definitivamente de nuestro entorno los entrañables mocos y escupitajos que nos han acompañado desde la infancia al llegar los fríos meses del otoño y del invierno, pero cambiaremos las flemas espesas por la barahúnda de flatulencias y ventosidades rectales que van indefectiblemente asociadas a la ingesta de alimentos como la coliflor o el brécol.
!--[if>![endif]-->El bollo relleno de chocolate embadurnado en crema de trufas rellenas de fuagrás puede tener sus días contados. El gobernador del estado de California Arnold Schwarzenegger, célebre por su desbordante musculación corporal, su endeble cerebro y por sus papeles cinematográficos en películas de arte y ensayo como Terminator y Conan el Bárbaro ha prohibido el uso de grasas trans en todos los restaurantes bares y chiringuitos playeros de su región. Estos lípidos, una porquería untuosa que atasca las arterias y provoca infartos, se consiguen tras un proceso químico denominado hidrogenación. Entre sus efectos destaca que mejoran la conservación y dan el característico sabor dulzón y la textura fofa a buena parte de las chucherías y dulces envasados. Sabiendo como se las gasta el ex mister universo, no sería extraño que los traficantes de bollycaos que traten de vender su mercancía prohibida en la puerta de los colegios acaben recibiendo un misil térmico teledirigido. Sayonara baby.
A nuestros pequeños amigos los espermatozoides les ha salido un nuevo enemigo: la soja. Si eres un varón y te pones ciego de yogures de soja debes saber que estás convenciendo sibilinamente a tu organismo de que eres una mujer. Sí, puede que la salsa de soja que le añades con ternura a tus tallarines sea la culpable de que, para tu sorpresa y, en ocasiones, para tu orgullo, tus pechos compitan en turgencia y volumen con los de Pamela Anderson o de que tu cadera se haya ensanchado hasta emular la cálida y hogareña forma de una mesa camilla. Y es que la ciencia médica ha probado que los isoflavonoides, compuestos activo de la soja, se comportan en nuestra sangre como si fuesen estrógenos, las hormonas sexuales femeninas. Es triste que un condimento que emplean los chinos desde hace miles de años sea capaz de masacrar a los espermatozoides hasta dejar estéril al propio emperador de la Dinastía Ming. El experimento ha revelado que los hombres que consumen regularmente soja tienen 41 millones de espermatozoides menos que los que habitualmente ingieren papas con carne, cazón en adobo, huevas con mayonesa, mojama de atún, chopitos o ensaladilla rusa –pongo estos ejemplos anotando furtivamente la carta del bar Casa Paco de Sevilla, al que asisto regularmente-. El tribunal penal internacional está avisado de este monstruoso genocidio testicular.
Parece una maldición: cada vez los niños son más gordos, se convierten en adultos más gordos y tienen hijos gordísimos. Los científicos han hecho una seria advertencia sobre este asunto, ya que se acaba de probar que las madres que son portadoras de genes marcados para desarrollar obesidad transmiten la tendencia a sus bebés, provocando que en poco tiempo se pongan como una bola. Lo cierto es que, probablemente, el deseo de los propietarios de Mercadona, Hipercor o Supergrasaviscosa de que cada vez consumamos más y más alimentos se está convirtiendo en una verdadera pesadilla para el mundo civilizado. De seguir así, en pocas generaciones nuestras piernas involucionarán hasta convertirse en pequeños apéndices. Serán meros timones que nos guiarán mientras avanzamos rodando. Aun en esa circunstancia, seremos capaces de ir felices deglutiendo una hamburguesa rellena de chocolate con manteca de cacahuete.
Si le va la marcha, la atlética se entiende, y es capaz de pegarse grandes palizas corriendo por calles y plazas con la justificación de que está haciendo deporte, sabrá bien que al finalizar el ejercicio sus músculos suelen quejarse amargamente: ¿para qué diablos este absurdo machaque?, se preguntan, mientras observan con envidia a otros pies y a otras piernas alegremente recogidas sobre sofás, camas, edredones y playas. Si al menos quiere aliviarse un poco de la paliza, sepa que el mejor regalo para su cuerpo es alimentarlo con un buen plato de pasta y un café. La razón científica es que durante el ejercicio intenso los músculos consumen glucógeno como combustible, y los carbohidratos propios de la comida italiana son capaces de reabastecer rápidamente el depósito vacío transformándose en azúcar. Ahora se ha descubierto, además, que la cafeína acelera ese proceso metabólico y coopera para que aparezca usted como nuevo tras la ducha. Lo sospechoso del estudio es que la coca cola lleva cafeína y uno puede barruntar que esta investigación le viene muy bien a sus fabricantes. Y más, que se publique justo antes de las olimpiadas.

