Un estudio realizado en un hospital de Barcelona revela que hombres y mujeres tienen distinta motivación para mantener el hábito del tabaco. Para los hombres fumar tiene que ver más con relacionarse con los demás y, de hecho, asocian encender un pitillo con consumir alcohol. Las mujeres fuman en buena parte para aliviar situaciones de ansiedad o estrés y están más dispuestas que los varones a abandonar el hábito si disponen de ayuda médica. En ambos sexos temen los efectos adversos del síndrome de abstinencia y las mujeres, además, manifiestan su preocupación por ganar peso cuando tiren a la papelera su último paquete de tabaco.