Así, como lo oyen. Si son adultos y no son abstemios, ahora tienen la posibilidad de decidir si cuando toman un cubatilla quieren que el alcohol llegue rápidamente a la sangre y les provoque sus efectos etílicos característicos. Una investigación científica ha demostrado que el azúcar de los refrescos ralentiza la absorción del alcohol, mientras que los que son bajos en calorías facilitan que los vapores etílicos suban antes al cerebro acelerando que ejecutemos toda suerte de bobadas. Para colmo, el efecto metabólico de las burbujitas de los refrescos también colabora a que nos arranquemos a cantar con soltura y velocidad cualquier canción de Shakira, Rafaella Carrá o Los Chungitos. Pongo por caso.