Parece que la investigación médica está decidida a trabajar para mejorar la calidad de nuestro semen, ya dañado considerablemente por la contaminación y los aditivos de los alimentos. Lo último que se ha descubierto es que la gran cantidad de grasa que acumulan las personas obesas en sus testículos acaba asfixiando físicamente a los espermatozoides, que se acuerdan cada minuto de la madre, el padre y toda la saga de difuntos del gordo que les ha caído en suerte. Cada vez que se vaya a zampar un bocadillo de chopped pork piense antes en sus diminutas balas genéticas, que estarán un poco más aplastadas por su asqueroso sebo.