Si le va la marcha, la atlética se entiende, y es capaz de pegarse grandes palizas corriendo por calles y plazas con la justificación de que está haciendo deporte, sabrá bien que al finalizar el ejercicio sus músculos suelen quejarse amargamente: ¿para qué diablos este absurdo machaque?, se preguntan, mientras observan con envidia a otros pies y a otras piernas alegremente recogidas sobre sofás, camas, edredones y playas. Si al menos quiere aliviarse un poco de la paliza, sepa que el mejor regalo para su cuerpo es alimentarlo con un buen plato de pasta y un café. La razón científica es que durante el ejercicio intenso los músculos consumen glucógeno como combustible, y los carbohidratos propios de la comida italiana son capaces de reabastecer rápidamente el depósito vacío transformándose en azúcar. Ahora se ha descubierto, además, que la cafeína acelera ese proceso metabólico y coopera para que aparezca usted como nuevo tras la ducha. Lo sospechoso del estudio es que la coca cola lleva cafeína y uno puede barruntar que esta investigación le viene muy bien a sus fabricantes. Y más, que se publique justo antes de las olimpiadas.