Ser feliz o un triste depende de nuestros genes. Una investigación sugiere que por mucho que nos esforcemos por conseguir un nirvana de andar por casa, el código genético devolverá pronto a nuestro rostro el habitual gesto de que asco me da de todo -muy popular entre ciertos políticos y artistas-. Por el contrario, si genéticamente estamos condicionados para la alegría, no nos hundirá ni siquiera conocer el trágico destino de los protagonistas del Titanic, y nuestra natural alegría –genotipo de personalidad andayquelesden- se restablecerá apenas salgamos del cine. Y es que la investigación prueba que las pequeñas o grandes alegrías y tristezas son siempre pasajeras y nuestro tono de felicidad vital se mantiene casi constante a lo largo de la vida. Pese a ello, siempre hay quien se empeña en amargarnos; o en darnos un lingotazo de alegría.