Los científicos no dan crédito a la última macroencuesta realizada entre 50.000 personas que demuestra que las personas ancianas son más felices que las jóvenes. La clave está en que pese a que padezcan más enfermedades, también le exigen menos a la vida y obviamente sufren mucha menos ansiedad que los que cada día estamos obligados a verle el careto al jefe. No me extrañaría que un día se descubriera que, en realidad, los abuelos fingen más enfermedades de las que tienen para darnos lástima y que les dejemos en paz. Que la ciencia revele que uno puede ser feliz compartiendo un viaje del IMSERSO a Benidorm no deja de tener su gracia. Me pido que me receten uno.