Parece una maldición: cada vez los niños son más gordos, se convierten en adultos más gordos y tienen hijos gordísimos. Los científicos han hecho una seria advertencia sobre este asunto, ya que se acaba de probar que las madres que son portadoras de genes marcados para desarrollar obesidad transmiten la tendencia a sus bebés, provocando que en poco tiempo se pongan como una bola. Lo cierto es que, probablemente, el deseo de los propietarios de Mercadona, Hipercor o Supergrasaviscosa de que cada vez consumamos más y más alimentos se está convirtiendo en una verdadera pesadilla para el mundo civilizado. De seguir así, en pocas generaciones nuestras piernas involucionarán hasta convertirse en pequeños apéndices. Serán meros timones que nos guiarán mientras avanzamos rodando. Aun en esa circunstancia, seremos capaces de ir felices deglutiendo una hamburguesa rellena de chocolate con manteca de cacahuete.