El cerebro procesa en el mismo área el dolor que te causa una patada en los genitales y el que te provoca tu pareja cuando la descubres en la cama con un señor o una señora que no eres tú mismo (si practican el sexo bajo, frente o sobre un espejo es de pensar que la circunstancia no te causará ningún dolor físico o emocional, salvo que la luna se fragmente y se te clave alguno de los añicos). Y es que la ciencia médica acaba de probar que el dolor sentimental al igual que el físico movilizan la actividad de la corteza cingulada anterior, responsable de convertir el impulso emocional en un dolor que incluso puede llegar a dejar secuelas crónicas. Los pacientes, pues, no mienten cuando explican que la traición o la pérdida de su chico o de su chica (por ser políticamente correcto) la han vivido como si le hubiesen acuchillado por la espalda o le hubiesen dado con un mazo en la boca del estómago. La científica que ha realizado los escáneres cerebrales para esta investigación opina que el cerebro asocia con idéntica respuesta el dolor físico y el dolor emocional porque para garantizar la supervivencia de nuestra especie son tan necesarias las relaciones sociales como mantener la integridad de nuestro cuerpo. Ambos tipos de daño sirven de advertencia para que nos protejamos de sus consecuencias y adoptemos medidas para afrontarlas.