Si estás mustia y tu médico te ha recetado antidepresivos, bien sabrás que la apatía de tu cerebro también te deja en muchas ocasiones el regalito envenenado de retirarte las ganas de gozar con tu pareja. Son las cosas que tienen los desequilibrios de la serotonina y el resto de los primos neurotransmisores que hacen funcionar tu cabecita loca, ¡qué le vamos a hacer!. Los fabricantes de la Viagra han probado a administrar la célebre pastillita azul a las mujeres que tomaban a diario cuarto y mitad de fármacos contra la tristeza y han descubierto que la mayor parte de ellas volvían a alegrarse cuando practicaban el juego de pareja más antiguo del mundo (pese a algunas reivindicaciones étnicas, éste no es arrojarse piedras hasta que uno de los dos contendientes fallezca). Si en el varón el sildenafil (el compuesto activo de Viagra) mimetiza eficazmente la acción de la Real Academia de la Lengua: fija, limpia y da esplendor; en las mujeres lo que levanta la pastilla es el ánimo en tiempos de tempestad emocional. Lo malo es que después del revolcón la mujer vuelve a quedarse tan deprimida como estaba antes. Pero, al menos, que le quiten lo bailao.