Si un varón tiene la posibilidad de flirtear con una mujer atractiva, lo hace sin plantearse si pone en riesgo su relación de pareja. Las chicas que tienen novio o marido se lo piensan dos veces antes de aceptar una invitación de un hombre que a priori les parece atractivo. La ciencia médica ha confirmado experimentalmente una circunstancia que es evidente a los ojos de cualquier observador avezado: a los hombres heterosexuales les excita la posibilidad de mantener una aventura extramarital porque no creen que vaya a tener consecuencias más allá de la ducha, la cama y la sonrisa de oreja a oreja. Las mujeres sí temen las consecuencias. La investigación ha analizado la conducta de más de 700 personas heterosexuales a las que, sin conocer el engaño, una persona atractiva del sexo contrario se les insinuó sexualmente. Posteriormente se les pasaron test con los que se evaluó su grado de predisposición a mantener un romance. Este trabajo viene a dar la razón a Richard Dawkins y a su teoría del gen egoista. Para este autor, la evolución de las especies hay que analizarla desde la perspectiva de los genes y del individuo. El gen es la unidad fundamental de la evolución y para perpetuar la especie los varones están programados para diseminar sus espermatozoides con tantas mujeres como les sea posible. Dicho de otra manera, los varones necesitan un entrenamiento afectivo y cultural para ser fieles, mientras las mujeres ya vienen entrenadas de casa.