Las personas que viven en el Sur son más felices. Parece un topicazo decir que los países más soleados crían a gente más alegre, pero la ciencia ha terminado demostrando que se trata de una verdad verdadera. Científicos canadienses han comprobado, observando escáneres cerebrales, que en verano y en primavera somos capaces de entonar con vigor y poderío el “a por ellos oé”, mientras en otoño y en invierno a nuestro cerebro le apetece amuermarse con canciones de Jaques Brel o regodearse con funestas predicciones sobre nuestro futuro. La explicación está en las variaciones en la sangre del cerebro de un neurotransmisor, la serotonina, que aumenta de concentración en los días soleados y que estimula actividades tan comunes como el apareamiento, la alimentación, el sueño y la energía vital. En el ensayo se sometió a 88 personas sanas a una tomografía por emisión de positrones y se evaluó la adhesión potencial de la serotonina, que cuando es más intensa ejerce como una asquerosa pegatina que no deja circular libremente a nuestra serotoninita, dejándonos más tristes que un mono sin plátano. Los potenciales fueron más elevados durante los meses más oscuros y fríos del año, lo que llevaba a los individuos más vulnerables a padecer bajísimos estado de ánimo bajo, a comer en exceso y a necesitar más horas de sueño.

PD: ¡Míra que es triste Brel!. Lo de vivir en Bruselas y en París debe de ser de lo más insano.