Científicos estadounidenses acaban de demostrar que los pacientes psiquiátricos abandonan menos los tratamientos cuando sus terapeutas los atienden por teléfono que cuando lo hacen en persona. Sorprendentemente el 95% se queda enganchado a su doctor telefónico mientras que el 50% de los que van a la consulta no vuelven a aparecer por el diván, así les regalen en la sala de espera suscripciones a la revista Hola o al reputado magazín médico a todo color Misceláneas Endocrinas, célebre por sus fotografías de alta calidad de acromegalias, tiroiditis de Hashimoto, tetanias o gigantismo. Los responsables de las líneas calientes se están frotando las manos puesto que a ver quién demuestra que quien atiende al ansioso o al deprimido es un psicoterapeuta con título y no una jactanciosa y perversa echadora de cartas, un proxeneta sin aliviar, o un ex directivo en paro de Lehman Brothers. Atento pues si elige apaciguar sus dolores del alma dando un telefonazo, no sea que le contesten preguntándoles si es géminis o capricornio o pretendan resolverles la crisis devolviéndoles una suerte de jadeos y palabras de grueso calibre, todas ellas relacionadas con las múltiples definiciones de los aparatos genitales masculino y femenino y con verbos que pertenecen al campo semántico de meter o sacar en sus más variadas acepciones, bolas chinas incluidas.