La ciencia médica está empeñada en destruir millones de años de historia del dolor de muelas, de cabeza o del bajo vientre. Se ha descubierto una proteína que suprime el dolor con hasta ocho veces más eficacia y potencia que la morfina, dejándonos una cara de felicidad y arrobo próxima al éxtasis. Se trata de la fosfatasa ácida prostática (PAP, en sus siglas en inglés), un compuesto que, cual Harry Potter, convierte los mensajeros químicos que causan el dolor en otros que lo suprimen. En los experimentos con ratones se ha comprobado que una sola dosis suprimía el dolor hasta tres días, mientras que la misma cantidad de morfina apenas lo hacía durante cinco horas. De momento, el fármaco se va a desarrollar como inyectable y en el futuro se fabricarán pastillas de PAP. Los expertos en obras de Arte están convenciendo a los museos para que adecuen sus viejos y obsoletos cuadros a los nuevos tiempos, rectificando con brochazos los gestos de dolor de los personajes de los cuadros del Bosco para hacerlos aparecer felices y desdentados pese a sus llagas sangrantes y a sus ulceraciones faciales. El caballero de la mano en el pecho de El Greco puede olvidarse de su dolor torácico y extender la mano hacia nosotros con el pulgar levantado y un gesto de radiante embeleso.