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La Coctelera

Categoría: amor

30 Julio 2008

Si un varón tiene la posibilidad de flirtear con una mujer atractiva, lo hace sin plantearse si pone en riesgo su relación de pareja. Las chicas que tienen novio o marido se lo piensan dos veces antes de aceptar una invitación de un hombre que a priori les parece atractivo. La ciencia médica ha confirmado experimentalmente una circunstancia que es evidente a los ojos de cualquier observador avezado: a los hombres heterosexuales les excita la posibilidad de mantener una aventura extramarital porque no creen que vaya a tener consecuencias más allá de la ducha, la cama y la sonrisa de oreja a oreja. Las mujeres sí temen las consecuencias. La investigación ha analizado la conducta de más de 700 personas heterosexuales a las que, sin conocer el engaño, una persona atractiva del sexo contrario se les insinuó sexualmente. Posteriormente se les pasaron test con los que se evaluó su grado de predisposición a mantener un romance. Este trabajo viene a dar la razón a Richard Dawkins y a su teoría del gen egoista. Para este autor, la evolución de las especies hay que analizarla desde la perspectiva de los genes y del individuo. El gen es la unidad fundamental de la evolución y para perpetuar la especie los varones están programados para diseminar sus espermatozoides con tantas mujeres como les sea posible. Dicho de otra manera, los varones necesitan un entrenamiento afectivo y cultural para ser fieles, mientras las mujeres ya vienen entrenadas de casa.

23 Julio 2008

Si quieres que tu chica te sea fiel: chúpale el pezón. Si es él tu objeto del deseo acaríciale los genitales. Ambos mecanismos naturales están al alcance de la mano de cualquiera y son algunos de los diseñados por la naturaleza para provocar que se desencadene en el cerebro la síntesis en cascada de la hormona del amor: la oxitocina, que está aumentada en el plasma sanguíneo en las personas que declaran que se están enamorando. Esta molécula tan simpática se fabrica en la base del cráneo, en la hipófisis, una glándula que se asienta, y no es broma, en un espacio denominado la silla turca (sí, para asombro de todos este cachito de carne es el verdadero responsable de las pasiones turcas y no los chulánganos atezados de la península de Anatolia que se jactan de ello). La oxitocina tiene una doble actividad hormonal y neurotransmisora. Su concentración en la sangre es alta durante los orgasmos y cuando se mantiene una relación afectiva y baja cuando decae el afecto o se producen ciertos desórdenes psiquiátricos. Los mayores chorros de oxitocina los provocan los bebés cuando atacan muertos de hambre el pecho de sus mamás. Neurológicamente la madre enloquece de amor por su chiquitín y sería capaz de matar si alguien se atreviese a apartarlo de ella. Los roedores monógamos mantienen también un nivel alto de oxitocina en su plasma. La factoría Disney debería revelar algún día las caricias oxitocínicas que comparten desde hace medio siglo Mickey y Minnie. Más que nada para tomar nota.

22 Julio 2008

El cerebro procesa en el mismo área el dolor que te causa una patada en los genitales y el que te provoca tu pareja cuando la descubres en la cama con un señor o una señora que no eres tú mismo (si practican el sexo bajo, frente o sobre un espejo es de pensar que la circunstancia no te causará ningún dolor físico o emocional, salvo que la luna se fragmente y se te clave alguno de los añicos). Y es que la ciencia médica acaba de probar que el dolor sentimental al igual que el físico movilizan la actividad de la corteza cingulada anterior, responsable de convertir el impulso emocional en un dolor que incluso puede llegar a dejar secuelas crónicas. Los pacientes, pues, no mienten cuando explican que la traición o la pérdida de su chico o de su chica (por ser políticamente correcto) la han vivido como si le hubiesen acuchillado por la espalda o le hubiesen dado con un mazo en la boca del estómago. La científica que ha realizado los escáneres cerebrales para esta investigación opina que el cerebro asocia con idéntica respuesta el dolor físico y el dolor emocional porque para garantizar la supervivencia de nuestra especie son tan necesarias las relaciones sociales como mantener la integridad de nuestro cuerpo. Ambos tipos de daño sirven de advertencia para que nos protejamos de sus consecuencias y adoptemos medidas para afrontarlas.

13 Julio 2008

La ciencia médica ha establecido que la hormona oxitocina junto a los opiodes que segregamos de forma natural, las endorfinas, son responsables de la sensación de éso que llamamos amor. Es más, distintos estudios vienen a probar que, en mayor o menor grado, es ésa combinación la que se dispara en nuestra sangre en nuestros momentos más tiernos: cuando sostenemos a nuestro bebé en brazos, cuando Hacienda nos devuelve dinero, cuando experimentamos un orgasmo o cuando nos enamoramos –el orden de estas dos últimas circunstancias debería ser inverso, salvo en casos patológicos y, ciertamente, pringosos-. Cuando estas sustancias pegan un bajonazo en el cerebro, se quiebra el circuito neuronal que nos proporciona recompensa y apego y experimentamos un dolor muy reconocible por casi todos los seres humanos y que ha venido en definirse como “desamor”; si bien también hay quien lo ha detallado de forma mucho más prolija: baste con echar un vistazo a la literatura universal o a las letras de las canciones populares de los más variados artistas. Desde Pimpinela a Jaques Brel, el síndrome de abstinencia de oxitocina/endorfinas es tan popular que llama la atención que la Seguridad Social no tome medidas y administre dosis de hormonas y neurotransmisores para curar el mal. Claro que nos quedaríamos sin el 90% de las obras maestras de la cultura. No compensa.

Sobre ciencia médica

Antonio Rial es periodista científico en Radio Nacional de España en Sevilla. Licenciado y doctor en Medicina en el área de Psiquiatría y doctor en Comunicación Audiovisual. La Junta de Andalucía le ha distinguido con el Premio Andalucía de Periodismo. Finalista del Premio de divulgación médica Boehringer Ingelheim 2008. Free counter and web stats Blogalaxia

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