Reportaje sobre un método anticonceptivo de implantación subcutánea que ofrece una eficacia ininterrumpida durante cinco años. Está especialmente indicado aquellas mujeres que no desean que el método interfiera en sus relaciones sexuales, para las que no puedan tomar estrógenos o para las que tengan contraindicado el DIU.

El anticonceptivo consiste en dos varillas flexibles de polímero de silicona que se implantan unos seis u ocho centímetros por encima del codo mediante una pequeña incisión, que requiere anestesia local y no necesita puntos de sutura. Una vez colocado, las varillas liberan de forma continuada 75 mg de levonorgestrel (progestágeno), que inhibe la ovulación. Su eficacia es similar a la de la ligadura de trompas y mayor que la de los anticonceptivos orales.

Si una mujer se quita las varillas y al cabo del tiempo quiere volver a este sistema anticonceptivo puede hacerlo. El ginecólogo le implantará otras nuevas, ya que el método se puede poner tantas veces como se quiera.

Además, también puede utilizarse durante la lactancia --a diferencia de otros anticonceptivos--, aunque es necesario que transcurran al menos seis meses desde el parto. Sin embargo, aunque no causa ninguna molestia, se tolera bien y no existe posibilidad de rechazo, este anticonceptivo presenta un inconveniente: produce desajustes en el ciclo menstrual.