Los ictus o accidentes cerebrovasculares son una de las principales urgencias médicas. Si se tratan pronto, la mayoría de los pacientes pueden reanudar sus vidas con normalidad, pero si la crisis no se atiende en las tres primeras horas, el riesgo de que dejen secuelas es alto.
El ser humano ha sido históricamente injusto con las ventosidades, degradando y humillando a este gas natural y condenando su aparición en el espacio social a un espeso manto de silencio en el mejor de los casos; y en el peor, a la ignominia, la afrenta y la deshonra pública. La ciencia médica ha venido a devolverle la dignidad, al demostrarse que inhalar el sulfato de hidrógeno que se expulsa en los cuescos tiene la misión biológica de rebajar la tensión arterial que se eleva tras meternos entre pecho y espalda un buen plato de fabada, coliflor o brócoli. Los investigadores recuerdan que este gas también lo producen las propias células que rodean los vasos sanguíneos en los seres humanos, y adelantan que haber descubierto su función terapéutica abre nuevas vías para desarrollar medicamentos para controlar la tensión y prevenir enfermedades degenerativas. Mucho está tardando en constituirse la Asociación por la Recuperación de la Dignidad de los Pedos.
Los familiares y amigos de Freud, cuando estaba él delante, procuraban no mirarse mucho al espejo ya que el austriaco postulaba que quien frecuenta su propia imagen es un asqueroso narcisista, con una personalidad proclive a la esquizofrenia, la perversión, la homosexualidad, la enfermedad orgánica y la hipocondría. Teorizaba que el sufrimiento hace que el individuo se inhiba del mundo externo y termine concentrándose en los pelos de su propia nariz, el contorno de sus pechos, el arco de sus cejas o la turgencia de su culo. Comprenderán que los colegas de Freud exhibieran un aspecto harapiento y, en general, estuvieran despeinados y lucieran un rostro deficientemente rasurado, cuajado de arañazos causados por la hoja de afeitar. Freud, como agente del CSI, era un poco cochambroso, y bien podría colegir que el tupé relamido de Elvis Presley lo hacía candidato potencial a ser un gay entusiasta seguidor de los recios soldados del cuarto tercio de la legión o, en su defecto, un criminal bajofondista con ansias de cercenar el cuello de una pobre anciana demente y menesterosa. Tras décadas de oprobio, los denostados espejos acaban de demostrar su eficacia terapéutica. Científicos japoneses han probado que son muy útiles para recuperar las extremidades paralizadas tras sufrir un accidente cerebrovascular. Los investigadores colocaron un espejo en el centro del cuerpo de las personas que habían sufrido una hemiplejia a fin de que los movimientos de los brazos y piernas sanos simulasen en su reflejo el movimiento de las extremidades paralizadas. El engaño logró que se acelerase la recuperación, rehabilitando así el honor de los espejos, mancillado hasta el oprobio por psicoanalistas y otras gentes bellacas carentes del mínimo sentido estético.
Antonio Rial es periodista científico en Radio Nacional de España en Sevilla. Licenciado y doctor en Medicina en el área de Psiquiatría y doctor en Comunicación Audiovisual. La Junta de Andalucía le ha distinguido con el Premio Andalucía de Periodismo. Finalista del Premio de divulgación médica Boehringer Ingelheim 2008.