La leche materna tiene una gran cantidad de beneficios para el bebé y para la propia madre. Nutricionalmente es de mejor calidad que la fabricada artificialmente. Protege eficazmente contra la muerte súbita provocada por algunas infecciones y potencia el sistema inmunológico, siendo un buen método para prevenir alergias. En la madre, rebaja el riesgo de cáncer de mama y ovario, además de estrechar el contacto físico y psicológico con el bebé.
Bianca Castafiore, la obesa cantante de ópera que protagoniza algunas de las historietas más jugosas de Tintín, probablemente sufrió en su infancia una infección por estreptococos. La ciencia médica relaciona el contagio de esta bacteria en la edad temprana y el desarrollo de una personalidad obsesivo compulsiva: un carácter fuerte, rígido, deshinbido y perfeccionista que traía por la calle de la amargura al capitán Haddock, que huía como de la peste de los trinos de la soprano. La crueldad del dibujante y guionista Hergé no tuvo límites, pues si la hubiese puesto a dieta desde niña su sistema inmunológico habría sido más fuerte, habría evitado la infección estreptocócica y su carácter no se habría desviado tan gravemente. Una Castafiore dulce, risueña, delicada y seductora habría enamorado por fin al beodo y atribulado Haddock, al que la mente equilibrada de la artista habría dejado de rebautizar como Kodak, Harrock o Karpock. ¡Cuán diferente habría sonado su interpretación del Aria de las joyas de la ópera Fausto de Gounod: "¡Ah! Me río de verme tan bella en este espejo..." (Ah, je ris de me voir si belle en ce miroi)!
Cuando un japonés con exceso de obesidad y musculación y vestido con un magro pañal de tela se encuentra con un congénere del mismo porte mórbido, se enfrasca irremediablemente en una suerte de abrazos y jadeos violentos que acompaña de expresiones insólitas que en su trascripción sonora al español suenan algo así como ahiii kiii, iiishimoó o ahikiiiido. En realidad, tengo para mí que tal actitud, a caballo entre lo violento y lo puramente rijoso, esconde un trastorno afectivo grave, probablemente nacido en la más temprana infancia, cuando durante días enteros aquellos niños eran habitualmente abandonados por padres licenciosos y bohemios que cuando regresaban a casa beodos recogían a sus bebés ya bien rebozados de fétidas boñigas y orines purulentos. Los luchadores se vengan en su edad adulta vistiéndose con aquellas sabanillas escrotales y tratando de hacer cisco el plexo solar, el bajo vientre y el recto anterior de sus rivales, que no son más que metáforas humanas de sus abyectos papás y mamás que tantas veces los dejaron en manos del vil y alevoso destino. La ciencia ha venido a demostrar ahora que ese deporte es una porquería. Buena parte de los que lo ejercitan están contagiados de "herpes gladiatorum", también llamado "scrumpox", una infección grave y muy contagiosa que se propaga por el contacto físico y que causa irritación en la garganta, inflamación glandular y úlceras en la cara, cuello, brazos y piernas. Así es quese encuentra en pelota viva y necesita imperiosamente pelear cuerpo a cuerpo con otro ser humano, elija una mujer o un hombre que sea de pocas carnes y menos musculatura: tendrá menos posibilidades de que esté infecto del mal de los gladiadores. Y ya puestos, en vez de pelear, aproveche la refriega para buscar otros placeres menos violentos y más lujuriosos. Su cuerpo se agradecerá.
Antonio Rial es periodista científico en Radio Nacional de España en Sevilla. Licenciado y doctor en Medicina en el área de Psiquiatría y doctor en Comunicación Audiovisual. La Junta de Andalucía le ha distinguido con el Premio Andalucía de Periodismo. Finalista del Premio de divulgación médica Boehringer Ingelheim 2008.